El 28 de julio de 2026, un jurado del Condado de Duval declaró culpable de asesinato a Luis Daniel Rodríguez Jr. El jurado lo sentenció a 50 años de prisión. Ahora un juez echó abajo ese veredicto.

El 28 de septiembre, el juez visitante José Manuel Bañales le concedió un nuevo juicio a Rodríguez. En su orden, el juez escribió que las pruebas no alcanzaban para el veredicto de culpable. También encontró que la defensa nunca tuvo en sus manos unos registros de huellas digitales muy importantes.

La Oficina del Fiscal de Distrito del 229 no está de acuerdo. Al día siguiente, la oficina presentó un aviso de apelación.

En un comunicado por escrito, el fiscal de distrito Gocha A. Ramirez dijo que su oficina y la familia de la víctima están en total desacuerdo con la lógica y la decisión del juez de dar un nuevo juicio. Dijo que confía en que el veredicto original del jurado se va a sostener. Recordó que 12 ciudadanos del Condado de Duval lo hallaron culpable más allá de toda duda razonable. Y cerró con una frase corta: se va a hacer justicia.

Todo empezó el 9 de abril de 2021 en Freer. Esa madrugada encontraron muerta a Denise Godsey Decoteau. Estaba tirada en una esquina, enfrente de una iglesia. Ese día era su cumpleaños, según declaró su nuera en el juicio.

La orden del juez resume lo que dijeron los testigos. Según la orden, ella era abuela. También dice que ella repartía cocaína para un hombre llamado Ezequiel Leal. Una testigo dijo que la camioneta negra que manejaba era de Leal. Unos testigos dijeron que era una Tahoe y otros que era una Yukon. Leal le dijo a un agente de los Rangers de Texas que vivía con ella, según la orden. La orden no dice que a Leal lo hayan acusado de algún delito.

La orden también explica cómo eran las entregas. Rodríguez dejaba el dinero en un sobre en una ventana de su casa. Ella recogía el dinero y dejaba la droga. Esa mañana, el sobre estaba vacío. Ella se fue sin dejar nada. Luego Rodríguez le habló por celular y le dijo que el dinero sí estaba ahí. Ella aceptó regresar.

La mataron cuando regresó, dice la orden.

La orden resume lo que encontró el jefe de la policía de Freer, José Héctor Doria. La apuñalaron muchas veces. Tenía heridas en el pecho, la cara, los brazos y las piernas. La aventaron de la camioneta. Luego le pasaron la camioneta por encima por lo menos dos veces. La Fiscalía dice que la apuñalaron 9 veces.

La autopsia encontró costillas quebradas. Según la orden, al parecer se quebraron cuando le pasó la camioneta por encima. También encontraron cocaína en su cuerpo.

Rodríguez se fue de Texas a Nebraska. Según la orden, en 2022 decidió regresar a Texas para entregarse. La policía de Freer ya tenía una orden de arresto en su contra. La policía de Jourdanton sacó una alerta porque alguien dijo que lo vio en bicicleta por la Carretera 16 rumbo a Freer. El 14 de junio de 2022, agentes del Condado de Bee lo pararon y lo llevaron a la cárcel del condado. Tenía 44 años en ese entonces.

El primer juicio empezó en abril de 2026 con el juez Baldemar Garza. Pero el juez Garza no pudo seguir con el caso por problemas de salud. Ya se recuperó. Mandaron a Bañales para terminar el juicio. La defensa pidió que se anulara el juicio y Bañales dijo que sí.

Un jurado nuevo empezó a escuchar el caso el 15 de julio. El 28 de julio lo declararon culpable. Al día siguiente le dieron 50 años y una multa de $10,000.

Según la orden, Rodríguez nunca confesó. Habló dos veces con agentes de los Rangers de Texas. En la primera plática admitió que usaba drogas. Dijo que él dejaba dinero en su ventana y ella le llevaba la cocaína. En la segunda plática, dijo que había otros dos hombres en la camioneta. Dijo que eran grandotes y llenos de tatuajes. Dijo que no los conocía.

Pero un agente declaró que en la camioneta solo iban Rodríguez y la víctima. La orden también dice que su segunda versión no cuadraba del todo con la primera.

Un reporte del laboratorio del estado de 2024 descartó su ADN en el mango del cuchillo, según la orden. La muestra mostró que otra persona, que nadie ha identificado, tocó el cuchillo. Un agente le dijo al jurado que eso no dejaba libre de culpa a Rodríguez.

La orden no cuenta una sola versión sobre el volante. En una parte dice que una experta del laboratorio no pudo descartar a Rodríguez en el ADN del volante. En otras partes dice que su ADN no salió ahí. También dice en un lugar que él no admitió haber tocado el volante, y en otro que sí lo admitió. De todos modos, el juez escribió que el volante no era el arma del crimen.

Tampoco salieron sus huellas digitales. Un agente dijo que esperaba encontrarlas, pero no aparecieron.

La Fiscalía alegó que si no sale el ADN de alguien, eso no prueba que nunca tocó el objeto. Dijo que el reporte del laboratorio no descartaba que él tocara el cuchillo. Y dijo que había muchas otras pruebas de su culpa. Al juez no le convenció. En su orden preguntó para qué se molestan en recoger pruebas y hacerles examen de ADN si eso fuera cierto.

La Fiscalía citó un caso de 2013 de la corte más alta de Texas para asuntos penales. Lo usó para decir que todas las pruebas juntas pueden bastar. El juez hizo notar que en ese caso la corte tumbó una condena por asesinato y ordenó que absolvieran a la acusada. Esa corte dijo que una fuerte sospecha no basta para probar que alguien es culpable.

Luego viene lo de las huellas. La defensa pidió los registros de las huellas. La Fiscalía los mandó por computadora. Hilda González Garza, una de sus abogadas en el juicio, declaró que no pudo abrir los archivos. Avisó a la Fiscalía. Alguien de esa oficina le habló y le explicó cómo abrirlos, pero ni así pudo.

La Fiscalía dijo que sí mandó los registros y que no tenía por qué abrirle los archivos. El juez preguntó por qué no imprimieron el reporte en documento y ya. La respuesta de la Fiscalía, en pocas palabras, fue que ese no era su problema, según la orden.

Casi al final del juicio, un agente llegó con los registros de huellas en documento. Los dejó del lado de la mesa de la Fiscalía. No dejó una copia del lado de la defensa, según el juez. Esos documentos mostraban que sus huellas no salieron en el cuchillo ni en la camioneta.

La Fiscalía dijo que la defensa no los volvió a pedir. El juez contestó que con una vez que los pidan basta. Concluyó que la Fiscalía dejó a Rodríguez sin pruebas que le ayudaban y que no tuvo un juicio justo.

Durante el juicio, la defensa le había pedido al juez que declarara a Rodríguez no culpable. El juez nunca decidió esa petición. En su orden dijo que la defensa perdió ese reclamo porque no objetó a tiempo.

La Fiscalía también le pidió al juez que sancionara a la defensa. El juez lo desechó. Dijo que la Fiscalía nunca lo presentó en la audiencia.

¿Y ahora qué sigue? El juez dejó la fianza de Rodríguez en $1 millón. La ley de Texas deja que la Fiscalía apele una orden de nuevo juicio. Ahora una corte más alta va a decidir si vuelve el veredicto del jurado o si Rodríguez va a un tercer juicio.

José María Garza, uno de los abogados de Rodríguez en el juicio, defendió la decisión. Dijo que el juez Bañales escuchó todo el caso. Dijo que, como juez con experiencia, pudo pesar las pruebas y aplicar la ley de manera pareja y con la cabeza fría. Dijo que el juez no dejó que las emociones pesaran en su decisión. Y dijo que espera que la corte de apelaciones respete la orden del juez.

En la apelación, a Rodríguez lo representa el abogado Abner Burnett.

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