Un hombre acusado de matar a su esposa en 2011 murió antes de ir a juicio. Francisco De Hoyos Moncada tenía 53 años. Murió el lunes en un hospital de Laredo. Así lo confirmó el Departamento del Sheriff del Condado de Webb.
De Hoyos Moncada pasó casi 15 años escondido en México. Regresó a Laredo el 7 de enero. Fue extraditado. Eso quiere decir que México lo mandó de vuelta para enfrentar cargos en Estados Unidos. Se enfrentaba a un cargo de homicidio en primer grado. Bajo la ley de Texas, ese tipo de cargo puede dar de 5 años a cadena perpetua en prisión. Su muerte cierra un caso que tomó casi 15 años y dos países para llegar a un tribunal. El Sur de Texas se queda sin el juicio que pudo haber explicado qué pasó esa noche de 2011.
La policía dice que De Hoyos Moncada mató a su esposa, Alma De Hoyos, el 14 de marzo de 2011. La encontraron muerta dentro de su departamento en la calle Elm, en Laredo. La policía lo calificó como un caso de violencia doméstica, es decir, violencia entre personas de la misma familia.
De Hoyos Moncada huyó del país poco después. Por años nadie supo dónde estaba. Los investigadores por fin lo localizaron en el estado de Oaxaca, en el sur de México, muy lejos de la frontera con Texas.
Casos como este son difíciles de resolver. Pasan los años. Los testigos se mudan o se les olvidan los detalles. Un sospechoso puede esconderse del otro lado de la frontera. Allá la policía de Estados Unidos no tiene poder para arrestarlo. Laredo está justo en esa frontera, por eso casos así son comunes en el Sur de Texas. Una extradición puede tardar años en papeleo. Dos gobiernos tienen que ponerse de acuerdo. Este caso tardó casi 15 años en traer a De Hoyos Moncada de vuelta a un tribunal de Texas.
Traerlo de vuelta tomó trabajo en equipo. La Fuerza de Tarea de los Alguaciles de Estados Unidos trabajó junto con la Fiscalía del Condado de Webb. También ayudaron el Departamento del Sheriff del Condado de Webb, el DPS de Texas y la Policía de Laredo. Entre todos lo trajeron en un vuelo internacional en enero, casi 15 años después del crimen.
Ya en Laredo, lo arrestaron y le fincaron el cargo. Iba a esperar su juicio. Pero en vez de eso, necesitó atención médica de inmediato. Documentos de la corte muestran que recibió tratamiento en un hospital de Laredo desde su arresto. Tenía una enfermedad terminal. Eso significa que los doctores no podían curarlo.
La enfermedad alcanzó al caso rápido. En una audiencia el 30 de junio, los abogados le dijeron al juez que estaba hospitalizado. El juez movió la última audiencia previa al juicio para el 29 de julio. Nunca llegó a esa fecha. Murió seis días antes, el 6 de julio. Su caso seguía abierto. Ningún jurado lo escuchó jamás.
Esto es lo que pasa cuando un acusado muere antes del juicio. El caso penal en su contra normalmente se cierra. Un tribunal no puede condenar a un hombre muerto. Tampoco puede él defenderse ya estando muerto. Se espera que el cargo de homicidio contra De Hoyos Moncada sea descartado. Un caso no puede seguir sin un acusado con vida. Él nunca fue condenado por ningún crimen en la muerte de su esposa. El cargo en su contra sigue siendo solo eso, un cargo. Ningún jurado llegó a pesarlo.
El Sheriff Martin Cuellar dijo que su oficina sigue las reglas normales. Esas reglas aplican cada vez que alguien muere bajo custodia. Los investigadores revisarán la muerte. Presentarán los reportes que exige la ley. La oficina del sheriff no ha dicho cuál era la enfermedad terminal. No han salido más detalles sobre su atención médica.
La Policía de Laredo anunció el arresto por primera vez en enero. En ese momento dijeron que el caso venía de un reporte de violencia doméstica del 14 de marzo de 2011. Varias agencias trabajaron meses para traerlo de vuelta.
El caso queda cerrado ahora. Se cierra por su muerte, no por un veredicto. Alma De Hoyos nunca vio a su esposo enfrentar a un jurado por su muerte. Su familia esperó 15 años a que la policía lo encontrara. Esperaron más meses por una fecha de juicio que nunca llegó. El caso termina como empezó. Todavía no hay respuestas dichas en voz alta dentro de un tribunal.