Una llamada al 911 acabó con la búsqueda más grande de Nueva York.
Un vecino marcó el número el sábado en la mañana. Dijo que vio a un hombre en un parque del Bronx, cerca de la avenida Watson y la avenida Morrison. El parque queda a unos pasos de una estación de policía.
La policía llegó. Ahí estaba Jesús Acosta, de 31 años. Traía una pistola encima, dice la policía. No se resistió.
Con eso terminó una cacería de días por dos muertes en dos partes de la ciudad.
Acosta está acusado de dos cargos de homicidio. También enfrenta dos cargos de intento de homicidio y un cargo de homicidio sin premeditación. Le suman cuatro cargos de robo y cuatro cargos por armas. Está acusado. No está declarado culpable. Eso lo decide una corte.
El domingo lo llevaron ante un juez. Un reportero le preguntó si él hizo lo que dice la policía.
"God is good, God is great", contestó. Dios es bueno, Dios es grande.
La primera muerte fue en Brooklyn.
Fue el domingo 23 de agosto. Pasó en una pizzería llamada American Best Wings and Pizza, en el barrio de Brownsville.
Ahí trabajaba MD Yousuf, de 44 años. La policía dice que el pistolero le disparó en la cabeza. Yousuf murió. Dejó dos hijas, una de 12 años y otra de 3.
Otro trabajador salvó la vida haciéndose el muerto.
Se llama Mohammed Rasel. Le dieron un balazo en la pierna. Cayó al piso. El pistolero se acercó y lo tocó para ver si seguía vivo. Rasel no se movió.
"He touched me he thinking I'm acting like I'm dying", le contó Rasel a ABC7 New York. Me tocó, pensando que yo fingía que me moría.
Rasel todavía trae la bala en el muslo. Tiene esposa y un bebé de un año. Dice que no sabe cómo va a pagar las cuentas.
Dos días después, la policía dice que el mismo hombre entró a otra tienda. Esta vez en el Bronx.
Era pasada la medianoche del martes. La tienda se llama 149 Grill y está en el barrio de Melrose. Una cámara de la tienda lo grabó todo.
En el video se ve a un hombre sacar una pistola. Le dispara a un cliente, Tayvon Shuler, de 33 años. Sus amigos le decían "Plucky".
Luego se ve al hombre pasar detrás del mostrador. Agarra el dinero de la caja. Los clientes y los trabajadores se tiran al piso.
Shuler murió en el hospital.
Su papá, Douglas Shuler, fue a la tienda. Quería ver las flores y las velas que la gente dejó por su hijo.
"He's a good kid", dijo el papá. Es un buen muchacho. Dijo que su hijo "just got caught in the wrong place at the wrong time". Le tocó estar en el lugar equivocado a la hora equivocada.
Mientras la policía lo buscaba, el FBI ofreció dinero. Hasta 25 mil dólares por información que llevara a la captura.
Un grupo de dueños de tiendas de barrio también puso dinero. Se llama United Bodegas of America. Subió su oferta a 10 mil dólares.
Ese grupo defiende a la gente que trabaja detrás del mostrador. Ahora está enojado con el sistema.
La policía dice que Acosta tiene 13 arrestos anteriores. El primero fue a los 14 años, por robo a mano armada. También pasó 10 años en prisión estatal. ABC7 New York reporta que ese caso fue por dispararle a un hombre en el andén del metro. Salió libre bajo palabra en abril.
"We are outraged that someone with 13 prior arrests was released on parole after serving approximately 10 years for assault and illegal gun possession", dijo la United Bodegas of America. Están indignados de que alguien con 13 arrestos previos saliera bajo palabra.
Fernando Mateo habla por ese grupo. Dijo que le dio gusto el arresto. Pero dijo que falta mucho. Quiere botones de pánico en más tiendas. Y quiere que quien traiga un arma ilegal pase mínimo de 3 a 5 años encerrado.
Al alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, le preguntaron por la libertad bajo palabra.
"I'm confident in their abilities of being able to find him", dijo Mamdani. Confío en que la policía lo va a encontrar. "What this speaks to is the importance of public safety."
Acá en el Valle también hay gente que cierra la tienda a la medianoche. Trabajan solos. Atienden el mostrador de noche igual que Yousuf y Rasel.
Brooklyn queda lejos. El miedo no.
Acosta está en la cárcel. El caso sigue en la corte.
Una acusacion no es una prueba. Toda persona es inocente hasta que un tribunal diga lo contrario.