GONZALES, Luisiana. Hace cuatro meses, a su mamá le dio un derrame cerebral.

El muchacho tenía 17 años. Después de eso empezó a hablar de trabajar. Hablaba de conseguir chamba. Hablaba de una carrera. Quería ayudar en la casa.

Su papá le decía que se calmara.

"Me hablaba de sus metas en la vida, del trabajo, de la carrera, de cuidar a su mamá y de ayudar," dijo su papá, David. "Y yo le dije: vive tu vida, hijo."

El viernes 21 de agosto lo mataron a balazos.

Fue poco después de las 4 de la tarde. La policía de Gonzales recibió una llamada por disparos. Era una casa en la calle East Caldwell. Adentro había dos muchachos baleados. Los dos ya estaban muertos.

Uno tenía 17 años. El otro era Jared Downey, de 21.

La policía dice que había drogas de por medio. No han dicho mucho más.

El muchacho no andaba sin rumbo. Lo acababan de aceptar en el National Youth Leadership Forum on Engineering. Es un programa nacional para jóvenes que quieren ser ingenieros.

Le gustaban los videojuegos y el anime. Su color favorito era el verde. Le dabas piezas y armaba lo que fuera.

Su mejor amigo se llama Logan Wilson. No quiere que la gente lo recuerde nomás como una víctima.

"Él era mi alma. Era todo lo que yo pedí. Era más que eso. Era una persona muy amorosa," dijo Wilson. "Era una persona muy noble, y muy inteligente."

Wilson dice que el caso importa. Pero dice que su amigo es más que el caso.

"Aunque este crimen merece atención, no quiero que mi mejor amigo sea recordado como una víctima," dijo Wilson. "Acuérdense de su espíritu bueno, tranquilo y noble. Abracen a su mamá, abracen a su papá."

Su hermana, Taryn, regresa siempre a las mismas pláticas. Su hermano quería cargar con la familia. Ella le decía que todavía era un niño.

"Tuvimos muchas pláticas sobre toda la responsabilidad que estaba cargando," dijo Taryn. "Y yo le dije: eres un niño. No se supone que sientas ese tipo de responsabilidad."

Gonzales es una ciudad chica en el parish de Ascension, o sea el condado. Queda entre Baton Rouge y Nueva Orleans. Dos muertos en una sola casa no es cosa de todos los días ahí.

Testigos vieron un BMW negro salir de la casa justo después de los disparos. Las cámaras también lo grabaron. Ese carro llevó a la policía hasta los sospechosos.

El sábado en la madrugada ya tenían a uno adentro. Joseph Appiah, de 17 años, de Prairieville. Lo ficharon en la cárcel del condado de Ascension. Esa es la cárcel de adultos, no un centro juvenil.

La lista de cargos es larga. Dos cargos de asesinato en primer grado. Ocho cargos de asalto agravado con arma de fuego, o sea apuntarle una pistola a la gente. Un cargo por disparar dentro de la ciudad. Un cargo por tener droga para vender. Un cargo de conspiración, que quiere decir planear un delito con otros. Y un cargo de "principal," que quiere decir ayudar a que el delito pase.

En Luisiana, el asesinato en primer grado se castiga con cadena perpetua. Eso es toda la vida en prisión. Appiah no ha ido a juicio. Está acusado, no declarado culpable.

La policía siguió trabajando. Dijeron que había dos personas más metidas. Las dos son menores de edad. La policía no da sus nombres por la edad que tienen. Los agarraron poco después.

A esos dos los ficharon por conspiración. También por ser "principales" en dos asesinatos en primer grado cada uno. Y por robo a mano armada.

Son tres muchachos encerrados. Y dos muchachos enterrados.

"Es una pérdida sin sentido de dos vidas jóvenes, y la tragedia va mucho más allá de las dos víctimas," dijo el jefe de la policía de Gonzales, Sherman Jackson. "Hay jóvenes que ahora enfrentan consecuencias que les van a cambiar la vida por malas decisiones, drogas y violencia. En cuestión de momentos se perdieron vidas, se destrozaron futuros y varias familias cambiaron para siempre."

La familia abrió una cuenta en línea para juntar dinero.

El caso ahora pasa a las cortes del condado de Ascension. La policía dice que sigue investigando.

Una acusacion no es una prueba. Toda persona es inocente hasta que un tribunal diga lo contrario.